Voces de Chernóbil de Svetlana Alexiévich

Una vez iniciado un libro de Svetlana Alexiévich te das cuenta que la lectura será diferente. La ganadora del Premio Nobel de Literatura del 2015 es una periodista bielorrusa que se ha destacado por recoger los testimonios de los mismos testigos de la historia, eso lo que la hace diferente.

Y así, en Voces de Chernóbil, recorremos las calles de Prípiat y nos vamos más allá de lo que pueda decir Wikipedia o de algún libro de texto. El desastre de Chernóbil inició allí mismo, en la gente, en las personas que salieron a ver esa llamarada alta, pero que no sospechaba que ya ellos iban a ser diferentes para el resto del mundo. 

La casualidad ha hecho que inicie esta reseña en un momento en que nuestro continente fue testigo de la muerte de más de tres mil personas, con el atentado del 11 de septiembre.  Tanto dolor reunido en un solo sitio, cuan autodestructivos podemos ser los seres humanos.

Una vez leí de un filosofo, que el ser humano es el único ser vivo que puede ser cruel, pues la crueldad requiere inteligencia. Así nuestra  historia de la humanidad está llena de hechos donde el autor de tanta desgracia somos nosotros mismos.

Así llegamos al incidente de Chernóbil. Un 26 de abril de 1986 a la 1:23 de la madrugada.

Para Rusia, tener una planta nuclear, eficiente, en los años 80s, representaba liderazgo en la generación de energía. Era equivalente al programa espacial ruso, a llevar a Laika al espacio y al primer satélite. Cuando los norteamericanos pisaron la Luna, ya los rusos habían enviado varios seres vivos al espacio.

Así que dentro de este contexto, la vida en los alrededores de Chernóbil se gestaba entre ingenieros, científicos, maestros, agricultores, y todo lo que puede rodear a ciudades nuevas orgullosas del centro de su actividad diaria, la planta nuclear.

Miré, una ucraniana que vende en el mercado unas manzanas rojas, grandes. Y grita: «¡Compren mis manzanas! ¡Manzanitas de Chernóbil!». Y alguien le recomienda: «Mujer, no digas que son de Chernóbil. Que nadie te las comprará». «¡Pero qué dices! ¡Las compran y cómo! ¡Unos, para la suegra; otros, para su jefe!

Trama

Svetlana Alexiévich reúne en Voces de Chernóbil los testimonios de las personas que estuvieron durante el incidente de la planta nuclear. Son transcripciones de entrevistas que reflejan limpiamente las declaraciones de residentes, quienes dieron sus nombres completos. Y en algunas ocasiones, no quisieron dar sus nombres para reservar su identidad.

La vena periodística de Alexiévich  se destaca en la forma de presentar la información pues se lee más como una noticia que una novela con principio y fin.

Cada testimonio te hace sentir allí, en persona, puedes sentir las lágrimas y la opresión en el alma.

Alexiévich ha dividido el libro en las diferentes entrevistas, dando la impresión que es lo único que ha querido agregarle a la obra, siendo así fiel a todas los testimonios. Por ejemplo:

  • Monólogo a dos voces
  • El ruso siempre quiere creer en algo
  • Una solitaria voz humana
  • Acerca de un terror antiguo
  • Que fácil es convertirse en tierra

“Muchos se mueren. De repente. Sobre la marcha. Va uno por la calle y, de pronto, cae muerto. Se acuesta y ya no despierta. Le lleva unas flores a una enfermera y, de pronto, se le para el corazón.”

Los hechos, 32 años después

Indudablemente, leer la novela te obliga a documentarte e ir más allá del libro.

El área de Chernóbil, luego de la revolución rusa de 1991, se independizó y hoy esta zona se encuentra en el territorio de Ucrania, quien colinda al norte con Bielorrusia, país de origen de la autora.

Más de trés décadas de aquel 26 de abril de 1986, nos han invadido con reportajes y documentales, e incluso con un sin fin de películas de terror.

Chernóbil y sus áreas colindantes siguen siendo área protegida y prohibida. Solo se le permite visitarla bajo estrictas normas y con un guía autorizado.

Lo tétrico de la evacuación de Pripyat y otras áreas fue que no se les permitió llevar nada, pues iban a regresar tres días después, luego de la fumigación. Los tres días jamás se cumplieron y nadie ha regresado.

Es por eso que las partituras de piano, los aparatos del gimnasio, los libros, los juguetes, están congelados en el tiempo. La vegetación ha invadido las calles y las casas. Y la fauna se ha reproducido sin control.

Todo es radiactivo, la tierra, la vaca que come la tierra, los huesos de la vaca, el pelo de la vaca… todo es intocable. Aunque muchos viven en la zona prohibida.

“En un tiempo vivimos contentos. Durante las fiestas cantábamos y bailábamos. Con el acordeón. Y ahora esto parece una prisión. Aveces cierro los ojos y recorro la aldea. Qué radiación ni qué cuentos, si las mariposas vuelan y los abejorros zumban”

Les recomiendo un documental muy bien dirigido, titulado “Los Lobos radiactivos”. Podrá saciar la curiosidad adicional que genera el tema.

Una gran experiencia la lectura de esta novela, una enseñanza de que nos falta tanto como humanidad, y de que hemos aprendido muy poco.

Gracias por compartir nuestra pasión.

 

 

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